Bajo el volcán, autobiografía de Malcolm Lowry

Los aficionados a la lectura resentimos la escasez de buenas librerías en la Ciudad de México; pero, cuando se trata de libros en idiomas aparte del español, el hecho no sólo se resiente: se agrava hasta ser asfixiante.

Uno de mis recursos para sobrevivir esta situación es la famosa librería Libros, Libros, Libros, que en 2012 cumple cuarenta y cinco años de excelente servicio a los amantes de la literatura en inglés. Sin embargo, para aquellos que requieran una localización más céntrica, ya existe otra alternativa: Under the Volcano Books, localizada en el callejón de Chiapas, en la colonia Roma. La librería es el más reciente proyecto de un nativo de Seattle que muestra un entusiasmo (desconcertante) por el DF, y aunque pequeña, está bien surtida con libros nuevos y de segunda mano; además, según su sitio web, es la sede de distintos eventos cada semana que involucran caguamas, poesía, boinas y me temo que también guitarras… Para mí, sin embargo, lo mejor de haber descubierto Under the Volcano Books fue que me provocó volver a leer aquella tremenda novela autobiográfica de Malcolm Lowry, Bajo el volcán.

Considerada una de las obras decisivas del siglo XX, Bajo el volcán está ambientada en la ciudad de Quauhnahuac (Cuernavaca), México, en el Día de los Muertos, y narra las últimas veinticuatro horas de la vida de un cónsul británico en estado de delirium tremens. El descenso del Cónsul a las profundidades de un infierno de mezcal —o mescal, como lo escribe Lowry— es presenciado por otros dos personajes: Hugh, el idealista hermano menor que sueña con ganar la Guerra Civil Española (prácticamente perdida para entonces), e Yvonne, la esposa que vuelve a Quauhnahuac tras varios meses de ausencia para intentar rescatar su matrimonio con el Cónsul.

Mucho se ha escrito sobre esta novela: sobre sus símbolos cabalísticos y de otros tipos; sobre su técnica, su magistral prosa y su estructura dantesca; sobre su franco carácter autobiográfico (y Lowry tuvo una vida de la cual vale la pena informarse: vid.: D. T. Max, “La misteriosa muerte de Malcolm Lowry”). Pero lo que hace de Bajo el volcán un clásico, y lo que me da ganas de algún día darle una tercera lectura, es la honestidad y la valentía con las que su autor enfrenta los tres temas perpetuos de la literatura: el amor, la vida y la muerte.

El Cónsul es autodestructivo y hasta cobarde; pero, en el fondo, libra una batalla heroica en contra de La Sombra “que yace entre la concepción y la creación, entre la emoción y la respuesta”. Esta Sombra —el mundo de Los Hombres Huecos, The Hollow Men— es representada en la novela por la barranca abismal que separa a Quauhnahuac en dos; por su parte, para representar al Cónsul, Lowry usa el Popocatépetl, cuya presencia contrarresta magníficamente a aquella otra imagen.

Inevitablemente, la vida del Cónsul terminará en el fondo del abismo. A él no le cabe ninguna duda de esto, pero aún así decide dar el salto fatal por decisión propia, de la misma manera en la que un volcán hace erupción: repentinamente, con violencia y esplendor. En el caso de este hombre, el mundo no termina con un gemido (whimper), sino con una explosión (bang), pues, como él mismo garabatea en las paredes y cantinas de Quauhnahuac, sean cuales sean las circunstancias que nos rodeen o los demonios que nos persigan, “No se puede vivir sin amar”.

Cipriano de Guimaraes

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