Reflexiones sobre la visita de Andrew Bird a México

Ver a Andrew Bird en vivo es una experiencia única que le recomendaría a quien sea. A diferencia de muchos conciertos, presenciar su show va mucho más allá de escuchar a un artista interpretar sus canciones como las conoces. Al liberarse de las estructuras de un estudio de grabación, la música de Andrew Bird cobra un nuevo sentido cuando se traduce al escenario. Aquí unas reflexiones sobre lo que significó para mí su visita:

Ver a Andrew Bird es aprender a escuchar. Aunque uno se sepa las letras de sus canciones, es imposible cantar con él, ya que todo el tiempo improvisa y cambia sus melodías en el escenario, como si le fuera imposible comprometerse con un momento pasado o una idea fija. Ante el fracaso de ser guiado por su canto, no queda más que seguirlo y disfrutar de los lugares nuevos a los que te lleva con cada vuelta inesperada en sus arreglos.

“Pre-show nap in Mexico City. See you tonight at Auditorio Blackberry!” – Foto by Andrew Bird Staff

Escuchar a Andrew Bird es aceptar una invitación a romper con paradigmas y adentrarse en un territorio nuevo de texturas, donde violines se convierten en ukuleles, silbidos se fusionan con glockenspiels y acordes de guitarra se transforman en sintetizadores. Es entrar a un mundo donde los sonidos pierden su identidad y los géneros se vuelven borrosos, una especie de universo paralelo donde el folk se fusiona con el country mientras la música clásica coquetea con el pop.

Foto: Diego Figueroa de Everything Live

Conocer a Andrew Bird es descubrir la figura del trovador moderno, un cuentacuentos que hace uso tanto de su talento como de la tecnología para contar sus historias. Un multi instrumentalista de Chicago de opinión profunda y discurso de poeta, capaz de expresarse a través de cualquier forma musical que esté a la mano, donde el medio siempre viene en un segundo plano al mensaje.

Experimentar el show de Andrew Bird es ser testigo del proceso de construcción y deconstrucción de una canción. Haciendo uso de varios instrumentos que se suman en capas a través de pedales de loops, su música crece y se fragmenta constantemente como un collage en transformación continua. Ser un testigo de esta evolución es poder apreciar cada uno de los elementos que conforman su música y entender que, como en una operación matemática cualquiera, el conjunto no es más que la suma de cada una de sus partes. A diferencia de las matemáticas, sin embargo, cada una de estas partes expresa un sentimiento y forma parte de una historia contada por una de las voces musicales más talentosas de nuestra generación.

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