Steven Cohen: especulación, arte y billones de dólares

La especulación es uno de los fenómenos más antiguos de la economía formal. Esta se basa en la adquisición deliberada de bienes y/o servicios, prediciendo el aumento de valor para posteriormente obtener una ganancia ya sea vendiendo o conservando la adquisición. Este fenómeno se presenta en la mayoría de las esferas de la actividad humana, incluso en el arte.

Para Steven A. Cohen, uno de los hombres más ricos e influyentes de Estados Unidos, las piezas de arte ha sido la moneda de cambio con la que ha amasado más de ocho billones de dólares en tan sólo 12 años. Todo gracias a la especulación.

Sus técnicas para hacerse de una de las colecciones de arte más valiosas del mundo, valuada en 700 millones de dólares,  han sido consideradas como desleales, poco éticas e incluso han llegado a instancias legales. En el 2000, cuando el sistema financiero global se encontraba en un estado menos sofisticado, Cohen aprovechó su posición privilegiada como uno de los clientes más fuertes de una gran firma bancaria en Nueva York para exigir no la mejor información,  ni mucho menos una interpretación exhaustiva de la compra venta de arte; simplemente exigió ser el primero en acceder a las opiniones de  corredores de bolsa y responsables de medir el riesgo de transacciones para grandes inversionistas. Algo relativamente sencillo y en aquel entonces completamente legal.

Después vino el efecto dominó. Rápidamente Cohen adquirió cierta reputación al realizar compras con montos irreales. Esto significó, a simple vista,  una muestra de talento y olfato para identificar las mejores piezas y lo “realmente” importante en el mundo del arte. Claro, nadie sabía que Cohen simplemente “descubría” cuál era el interés general de la comunidad para después inflar su valor invirtiendo grandes cantidades de dinero, generar especulación en el mercado y así poder revender dos o tres veces más caro. Creó necesidades para después satisfacerlas.

El paso del tiempo y el desarrollo de las regulaciones financieras han puesto en apuros a Cohen. Algunos empleados de SAC Capital, empresa fundada por Cohen, han sido acusados por hacer mal uso de información privilegiada y en al menos tres casos se han declarado culpables.

Anteriormente, los coleccionistas de arte se basaban en la calidad de la pieza, no importaba si esta venía de un pintor de estudio o un escultor independiente. La técnica y la estética eran lo realmente importante. Hoy en día el proceso parece ser inverso, el quién lo adquiere y por cuánto es mucho más relevante y al final termina por dar sentido a la obra.

La colección de Cohen es el ejemplo más claro de que el fin justifica los medios; ésta incluye obras comoRetrato de Campesinas de Van Gogh,  dos piezas del expresionista abstracto Willem de Kooning (Police Gazette, por 63.5 millones de dólares, y Woman III, por 137.5 millones), y la afamada y polémica piezaPhysical Impossibility Of Death In the Mind Of Someone Living, un tiburón con la mandíbula abierta dentro de una pecera con formol valuada en más de ocho millones de dólares además de obras de Picasso,Warhol, Pollock, Freud y Marc Quinn entre otros.

Después de todo, Cohen resulta una gran lección al mundo contemporáneo, donde hemos olvidado la función esencial del arte que busca agradar a los sentidos para dar paso a la realización del individuo a través de su simple adquisición.

Decía Jean Baudrillard hace más de 50 años que “los objetos no tienen como destino, de ninguna manera, el ser poseídos y usados, sino solamente el ser producidos y comprados”. Y eso, sólo eso, no es especulación.

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